LEE, TE ESTAMOS VIGILANDO

Helado y pre-kinder

Estaba en la micro, y hacía un calor de mierda. Tenía mucho calor, me habia arremangado la camisa del colegio, y llevaba conmigo una mochila y un bolso de mas o menos 5 kilos cada uno. Negros. Y en la micro hacía un calor de mierda, que podía hacer a uno ver iglúes en pelotas desinfladas. Hacia mucho calor, y la gente actuaba como si no le importara, o al menos eso pense yo, quizá la gente en efecto no estaba tan acalorada y yo simplemente soy un calentón de mierda. Quizá estaban demasiado concentrados en otras cosas para darse cuenta del calor. Quizá tenían sangre fría, como los reptiles, y les gustaba el agobiante calor de esa micro a las cinco de la tarde.
Pero en un principio yo también estaba así, porque iba pensando en Joe Strummer y Wallace y Gromit y las mujeres rubias que conozco y sobre porqué mis bolsos negros estaban tan pesados, y porque odio tanto los martes. Pero eso fue antes. En algún momento del trayecto se subió un vendedor de helados, con unas etiquetas de helado en la mano, exhibiéndolas como un tipo que acaba de ganar en el hipódromo, o como un pobre que se acaba de ganar la lotería. Yo lo ignoré, aunque por un fugaz momento pensé en el dinero que traía en mi billetera amarilla, que es muuuy vieja, y que viene escrito JIM MORRISON encima, con un plumón azúl, y que ahí se lee en verde. Esa billetera es de herencia, y al parecer perteneció a todos mis tíos maternos antes de que yo la encontrara abandonada en la colección de diarios de mi abuela, en una carpeta con láminas del albúm de ALF.
Luego se subió otro vendedor de helado, pero a éste lo ignoré más. Ni pensé en mi dinero ni en sus helados ni en su grito ni en nada de nada. Vino y se fue.
Pero apenas se fue, empecé a sentir la horrible necesidad de un helado, pues cada vez hacía más calor, y el helado se me antojaba cada vez más, y empecé a desear que otro heladero se subiera, para comprar un helado de crema (porque a mi me gustan los "Creminos" los "Moracrema" apestan, los "Chocolitos" no tanto, pero el "Chirimoya alegre" es una mierda.).
El heladero no subía. Y quedaban cuatro cuadras para bajarme. Si me bajaba tendría que comprar un helado de 100$ en otra parte, y los únicos que hay son "Centellas" y los centellas apestan, tienen forma de cohete, con una base verde y una forma estirada hacia arriba amarilla, pseudo-fálica, respectivamente de sabores manzana y limón tóxicos.
Tres cuadras y no hay rastro de un heladero.
Dos cuadras, la rubia que estaba frente a mi se bajó y me dolió como un golpe en el cuello (En realidad el dolor en el cuello era anterior. Traté de moverme como Ian Curtis y me provoqué algo así como una tortícolis)
Una cuadra, y el heladero "brilla por su ausencia"(odio esa frase)
Llego a mi parada. Me bajo. Camino una cuadra, entro en un negocio donde a veces voy a comprar cabritas cuando no hay en otras partes, me compro una centella y sigo caminando.
Empiezo comiendome el helado de manera pacífica, paleando el calor, sin morderlo, solo lamiendolo cariñosamente, como si esperara una lamida de vuelta por parte del fálico helado.
Al cabo de unos minutos diviso un grupo de niños de Kinder, o pre-kinder, guíados por su maestra vestida de verde que va entonando canciones alegres. Siempre he pensado que si las maestras verdes fueran una organización, y se pusieran de acuerdo para dominar el mundo, efectivamente podrían lograrlo. Algo así como "El último recreo" sólo que con maestras verdes.
En unos segundos nos topamos. Yo sonrío, me agradan los peques. De pronto me doy cuenta de que hay algo mal en todo ese cuadro, y me empiezo a dar cuenta como quien se da cuenta de que le van a cortar una pierna: Los niños no paran de mirarme. Yo no entiendo porqué. Súbitamente los niños se ponen a decir cosas en su propio código.
-Helado...-.
-Mm...helado-.
-Ñam Ñam-.
-Yo quiero uno también...-.

Los que no dicen sus pensamientos en voz alta, no paran de observar mi centella, algunos con la mano entera en la boca, o a veces solo un dedo, todos tomaditos de la mano muy inocentes, pero mirando mi helado sádicamente, como si quisieran sodomizarlo o irse a vivir a una isla desierta con él. Y yo con mi helado, muerto de miedo, mirando a los niños, a mi helado, y nuevamente a los niños, pensando "Carajo, esto es como guliver", "Si se pusieran de acuerdo para quitarme mi helado, podrían hacerlo!". Y pienso que todo es como una metafora muy pro-marxista y que a la vez estoy obsesionado con las organizaciones secretas.
Apenas paso de largo de los niñitos mutiladores de helados, masco mi helado, con horrorifico placer, y me duelen los dientes, pero me trae sin cuidado. Camino hasta mi casa tarareando una cancion de niños, cierro la puerta y tiro el resto de helado a la basura. Y no por que el evento antes ocurrido me haya dejado en una duda existencial, sino porque el helado se había partido, y cuando se parte, poco puede hacer uno para salvar el helado, a menos que estes dispuesto a congelarte la boca, y un trozo cagón de agua congelada con colorantes y saborizantes tóxicos no lo vale. Bueno, 100 pesos, y el dolor es transitorio, pero, que diablos, quería tirar el helado de mierda.

|

maystar designs | maystar designs | Template encontrada en Maystar designs, gracias a Hijo Tonto, arreglada por moi.